Guía completa

La correa que se ve, frente a la que no se ve

Nada más abrir el capó tienes la correa auxiliar delante: un lazo largo con varios surcos —de ahí el nombre Poly-V, multicanal— que recorre alternador, bomba de dirección asistida, compresor del aire acondicionado y, en algunos motores, también la bomba de agua. Es fácil confundirla con la de distribución porque las dos son correas de goma en el mismo compartimento, pero cumplen funciones completamente distintas y sus averías tienen consecuencias muy diferentes.

La de distribución va escondida detrás de una tapa y sincroniza el giro del cigüeñal con el del árbol de levas. Si se rompe en un motor de interferencia —la inmensa mayoría de los actuales—, los pistones y las válvulas acaban chocando entre sí y el resultado es una reparación de motor que puede superar lo que vale el coche. La auxiliar, en cambio, mueve piezas que están fuera del núcleo del motor: si se rompe, esos accesorios se paran, pero el motor por dentro no sufre ningún daño. Es una avería incómoda y con consecuencias reales, pero de otra categoría completamente distinta.

Por qué pasa desapercibida en el mantenimiento

Precisamente porque no tiene la fama de la de distribución, la auxiliar es la que más se olvida. El resultado suele ser una rotura inesperada: el alternador deja de cargar, la dirección se pone dura de golpe, o el aire acondicionado se apaga en pleno verano sin previo aviso. Su vida útil habitual está entre 60.000 y 100.000 km, según fabricante, y como el cambio es relativamente asequible —entre 90 y 280 €—, lo razonable es hacerlo de forma preventiva antes de que falle en marcha.

El kit completo, no solo la correa

Lo esencial es cambiar correa, tensor y polea libre juntos. El tensor es la pieza que más se desgasta —lleva un rodamiento interno sometido a los mismos ciclos que la correa— y si se deja el viejo, la correa nueva pierde tensión en pocos miles de kilómetros y hay que volver al taller a repetir el trabajo. Montamos Gates, referencia americana y proveedor de origen en muchos modelos, Continental, habitual en fabricantes europeos, y Dayco, otra opción de calidad profesional. Los kits genéricos baratos suelen aguantar entre 30.000 y 50.000 km, bastante menos de lo esperado.

Qué se pierde exactamente si se rompe

Sin alternador, el coche sigue funcionando con la carga de la batería durante 30-40 minutos antes de apagarse solo. Sin dirección asistida, el volante se pone muy pesado —se puede conducir, pero cuesta especialmente en maniobras de aparcamiento—. Sin aire acondicionado, simplemente no refresca. Y en los motores donde la bomba de agua también depende de esta correa, la avería es más seria: el motor se queda sin refrigeración y puede empezar a calentarse en pocos minutos, con riesgo real de daño.

Señales que suelen avisar antes

Un chirrido al arrancar en frío —la correa pierde tensión con el frío y patina sobre las poleas—, una vibración del motor al ralentí, polvo de goma acumulado cerca de las poleas, o un tensor con holgura perceptible al moverlo a mano con el motor apagado. Cualquiera de estos síntomas merece una revisión antes de que la correa termine de romperse en marcha.